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REEDUCACIÓN AUDITIVA

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Trastornos del desarrollo

Trastornos del habla

Tras. de la conducta

Problemas de aprendizaje

Psiquiatría

Neurología

 

 

La Reeducación Auditiva ofrece una nueva forma de abordar los Problemas de Procesamiento Auditivo Central. La American Speech-Language-Hearing Association (ASHA), en 1996, propuso la siguiente definición: “Las funciones auditivas centrales son los mecanismos y procesos responsables de las siguientes conductas: localización y lateralización del sonido; discriminación auditiva; reconocimiento de patrones auditivos; reconocimiento de aspectos temporales de la audición cómo: resolución temporal, enmascaramiento temporal, integración temporal y ordenamiento secuencial; competencias auditivas con señales competitivas y degradadas”. La exploración audiométrica, dentro del marco de la Reeducación Auditiva, permite descubrir numerosas anomalías relacionadas con el procesamiento auditivo central. Estas anomalías son:
 

Hipoacusia

Pérdida auditiva generalizada.

Hipoacusia relativa

Pérdida auditiva en determinadas frecuencias. Escotoma.

Hiperacusia

Exceso de audición. Capacidad de percibir los sonidos por encima del umbral del silencio.

Hiperacusia relativa

Exceso de audición en determinadas frecuencias.

Distorsiones

Perdida o exceso de audición en un ancho de banda determinado.

Asimetría

Umbral de percepción auditiva distinto en cada oído.

Déficit de lateralidad

Incapacidad de percibir todos los sonidos por el oído dominante.

Déficit de selectividad

Imposibilidad de reconocer cuándo un sonido aumenta o disminuye de tonalidad.

Latencia

Exceso de tiempo para percibir un estímulo.

Remanencia

Percepción del estimulo una vez este ha sido suprimido.

Algiacusia

Sensación de  dolor ante determinados estímulos.

 

Todas estas anomalías tienen su correlación con los Problemas de Procesamiento Auditivo Central que acompañan a los trastornos del desarrollo, los problemas de aprendizaje y las patologías mentales. La hipoacusia está relacionada con los problemas de aprendizaje y el déficit de atención principalmente. La hipoacusia relativa cursa con algunas formas de ansiedad y la conducta agresiva. La hiperacusia aparece en los Trastornos Generalizados del Desarrollo y el autismo, así como en algún caso de hiperactividad. La hiperacusia relativa aparece frecuentemente en los problemas de aprendizaje, hiperactividad, conducta y, siempre, en los trastornos del estado de ánimo (depresión). Las distorsiones aparecen en la dislexia, los déficit de atención, memoria y concentración  y los trastornos de ansiedad. La asimetría se relaciona con los problemas de aprendizaje,  disfemia, de relación (emocionales) y con algunas formas de conducta de evitación. La lateralidad deficiente aparece en los problemas de lenguaje y habla, problemas de aprendizaje, dislexia y disfemia. La selectividad deficiente está presente en los problemas de aprendizaje y de lenguaje y habla. La latencia y la remanencia aparecen en los problemas de habla, y atención, memoria y concentración. Por último, la algiacusia está presente en los problemas de relación y conducta.

 

TRASTORNOS DEL DESARROLLO.

Los individuos autistas y con Trastornos Generalizados del Desarrollo (TGD)  manifiestan importantes alteraciones en la entrada de información visual, táctil, auditiva, gustativa y olfativa. Este hecho no niega, en el niño, la percepción de la luz, el tacto, el sonido, los olores o los sabores, pero la hace distinta a la nuestra. A menudo afirmamos que estos niños viven en su mundo. En Audicioisalut no estamos de acuerdo, ellos viven en el mismo mundo que nosotros, pero la información que obtienen de él, es distinta a la nuestra.                              

 

AUTISMO.

Tras ser considerado muchos años un trastorno de relación madre-hijo, en la actualidad se considera, por muchos especialistas, como la consecuencia de una disfunción cerebral. Las técnicas de neuroimagen apoyan este punto de vista y ponen de manifiesto un retraso en la maduración de los lóbulos frontales de los niños autistas y, en muchos casos, una reacción anormal a ciertos estímulos sensoriales.

Los niños autistas tienen muchas dificultades de modulación sensorial. La modulación se produce cuando nuestro cerebro responde proporcionalmente a la intensidad de los estímulos. Ante estímulos de mayor intensidad, mayor será la respuesta de nuestro sistema auditivo. Ante estímulos de menor intensidad, menor respuesta cerebral. Diferentes estudios han demostrado que los errores de modulación en los sujetos autistas se producen de dos formas distintas. Una de ellas es la inexistencia de respuesta modular alguna sea cual sea la estimulación y la otra es una respuesta cerebral de gran amplitud sea cual sea la intensidad del estímulo presentado. Además, los sujetos autistas presentan un déficit funcional en las áreas de asociación multimodales. Esto significa una dificultad para asociar estimulaciones pertenecientes a modalidades sensoriales diferentes, por ejemplo mirar y escuchar a la vez.  

Otros estudios de medición del flujo sanguíneo cerebral (FSC) demuestran una menor actividad del hemisferio izquierdo en el procesamiento de la información auditiva. Este hecho se produce aún sin la presencia de anomalía alguna a nivel cerebral. Debemos tener presente que la interpretación y producción del lenguaje tiene lugar en dicho hemisferio.

El autismo supone un deterioro temprano de las conductas de intención, imitación, relación y comunicación. Todas estas conductas requieren de unas capacidades perceptivas plenamente funcionales. El trastorno de estas capacidades confirma la existencia de un déficit precoz de las capacidades sensoriales.

 

TRASTORNOS GENERALIZADOS DEL DESARROLLO.

Los niños que sufren algún trastorno del desarrollo tienen problemas para procesar la información auditiva. Estos niños manifiestan respuestas  peculiares  a los estímulos sensoriales y muestran hipersensibilidad a ciertos sonidos (por ejemplo taparse los oídos, balancearse, agitar las manos o gritar ante algunos sonidos). A menudo, los padres afirman que sus hijos parecen sordos. En el fondo estamos hablando de dos manifestaciones completamente diferentes del mismo problema, la hiperaudición. Estos niños perciben el sonido a mayor intensidad y antes  que los demás. La hiperaudición tiene dos formas de presentarse. Una como audición dolorosa, en la que ésta aparece solo en determinadas frecuencias del espectro auditivo. Y la otra  como un exceso de audición  generalizada en todo el espectro. En el caso de audición dolorosa, el individuo puede llegar a sentir dolor en el oído,  manifestando muy a menudo una conducta agresiva como respuesta a estos estímulos. Cuando aparece como un exceso de audición generalizada, el individuo oye demasiado bien, anticipándose a los demás al oír las cosas, sirenas, vehículos etc... La actividad del sistema auditivo en respuesta a la estimulación puede llegar a una situación de saturación, a la que el niño responde desconectándose del entorno. Este hecho hace que muchos padres y profesionales piensen que el niño es sordo. En muchas ocasiones, manifiestan respuestas de miedo emocional al sonido, mostrando ansiedad e hiperactividad y dificultades para conciliar el sueño. El exceso de audición generalizada también puede ser la causa de falta de lenguaje en estos pacientes, ya que dificulta la discriminación de los sonidos propios de la lengua.

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TRASTORNOS DEL LENGUAJE Y HABLA.

 

Tener lenguaje supone ser capaz de oír. Con oír nos referimos, en este caso, a ser capaz de detectar los rasgos que caracterizan los sonidos del lenguaje. Aprender el lenguaje es, pues, aprender a sintonizar nuestro oído para poder oírlo. La importancia de la recepción (percepción del sonido) del lenguaje no debe quitar importancia a su expresión. Cuando el problema expresivo reside en la musculatura que intervienen en la producción del lenguaje se denomina disartria. Cuando la disfunción se sitúa a nivel de los centros cerebrales que regulan el lenguaje, se denomina disfasia expresiva. Aunque debamos considerarlas como entidades separadas, existe una influencia mutua entre ambas. La comprensión del lenguaje facilita su expresión, y la expresión su comprensión.   

La identificación de los rasgos que caracterizan un determinado fonema, a saber: transición de formantes, tiempo de inicio de voz, estados estacionarios y las pistas acústicas rápidas y breves, está condicionado por la calidad de nuestra percepción auditiva. Los niños con problemas de lenguaje tienen dificultades para reconocer los cambios en las pistas acústicas rápidas y breves, así como el reconocimiento de la transición de formantes. Este déficit les impide adquirir un código fonológico plenamente funcional. En estos casos, los niños necesitan diferencias espectrales más amplias para poder discriminar los sonidos del lenguaje, lo que les ocasiona confusiones en la percepción de algunos sonidos, principalmente de las consonantes oclusivas. El déficit de lateralidad auditiva es la causa de la inversión del orden de los sonidos. Los centros de procesamiento del lenguaje están situados en el hemisferio izquierdo, informado predominantemente por el oído derecho. De la misma forma, el oído izquierdo informa al hemisferio derecho. Cuando la dominancia se alterna en distintas frecuencias, es decir, el niño tiene el oído derecho dominante para algunos sonidos y el izquierdo para otros, hace falta que los sonidos predominantes para el oído izquierdo lleguen igualmente al hemisferio izquierdo. Este hecho se llama transferencia  y el tiempo que tarda en llevarse a cabo, tasa de transferencia. Una tasa de transferencia excesiva retarda la llegada de información, hecho que retarda la percepción de los sonidos que provienen del oído contrario al dominante, oyéndose antes los que han sido percibidos por el oído dominante. El déficit de selectividad auditiva deteriora el reconocimiento de la transición de formantes, que dará lugar a errores en la percepción y reconocimiento, leído y escrito de las consonantes oclusivas.

 

 

DISFASIA DEL DESARROLLO

(Desarrollo del lenguaje en la infancia)

Los niños con un desarrollo anómalo del lenguaje muestran un  deterioro en la capacidad para percibir el orden correcto de la secuencias sonoras que cambian con rapidez, por ejemplo los sonidos del lenguaje. Palabras como “las” o “sal” difieren sólo por el orden de los sonidos. Los niños con deterioro del lenguaje tienen problemas a nivel de registro fonológico, concretamente en la capacidad para discriminar (distinguir) y secuenciar (poner en orden) a los sonidos cambiantes (Tallal, 1981) y (Liberman, 1995). Los niños con disfasia del desarrollo establecen un patrón fonético impreciso, aunque a nivel estructural y molecular su cerebro está intacto (Merzenich et al., 1996)

AFASIA

La afasia es la pérdida o alteración del lenguaje como consecuencia de alguna lesión cerebral. Dependiendo de su localización, obtendremos diferentes tipos de cuadros afásicos.

Afasia de Wernicke:

Esta afasia es debida a la lesión de la región temporal posterior izquierda (área de Wernicke). La lesión, a menudo, incluye la corteza auditiva primaria, otras regiones del lóbulo temporal, regiones parietales (giro angular o giro supramarginal) o la sustancia blanca subcortical.

Se caracteriza por:

·        Habla fluida. A veces excesivamente fluida (logorrea).

·        Alta incidencia de parafasias (substitución de una palabra por otra) y neologismos (uso de palabras inexistentes). A veces el habla es totalmente ininteligible.

·        Anomia (incapacidad para nombrar objetos).

·        Alteración de la repetición.

Aparece, además, un importante déficit de comprensión, sobretodo a nivel sintáctico y semántico.

Afasia sensorial transcortical:

La corteza auditiva primaria y el área de Wernicke no están afectadas, es debida a la lesión de otras zonas temporales del hemisferio izquierdo y puede alcanzar, también, parte de la corteza visual. Puede tener también un origen subcortical. 

Se caracteriza por:

·        Habla fluida y con parafasias.

·        Afectación de la comprensión.

·        Repetición relativamente conservada. A menudo se observa ecolalia (repetición de lo que otros dicen).

DISFEMIA

Se define como un trastorno de la fluidez del habla. No se conocen con exactitud las causas de la disfemia o tartamudez, pero sí se sabe que se debe a variedad de factores. Esto ha hecho que numerosas teorías traten de explicar el origen de la disfemia atribuyéndola a problemas de lateralidad, a alteraciones en el mecanismo de retroalimentación, a trastornos emocionales...

Pero nosotros vamos a plantear  la influencia de un nuevo elemento: ¿cómo oye esa persona? Cuando hablamos necesitamos oír lo que decimos (retroalimentación). Un niño o un adulto con una audición asimétrica tarda más tiempo en procesar la información: el mensaje llega retardado y no “saben”  lo que han dicho (no lo perciben), por tanto no pueden continuar con la emisión. Esto hace que se bloqueen al iniciar las conversaciones o que  repitan las frases. Y es en este momento cuando cobran mayor importancia los factores emocionales. El bloqueo hace que este niño o adulto se ponga más nervioso y las risas y comentarios le provocan una gran ansiedad, ¿qué ocurre entonces?: aumenta considerablemente el trastorno de la fluidez y además del problema de la disfemia se añade el de la ansiedad, logofobia (miedo a hablar en público) e, incluso, depresión.

 

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PROBLEMAS DE APRENDIZAJE

 

 PROBLEMAS DE ATENCIÓN, PERCEPCIÓN Y MEMORIA.

La atención es un proceso cognitivo básico. Es decir, se necesita un estado atencional adecuado para que el resto de procesos cognitivos funcionen de forma correcta. La percepción de los estímulos externos e internos que llegan a nuestro cerebro depende de nuestro estado atencional. Igualmente la atención nos permite seleccionar los estímulos más importantes de entre el conjunto de señales que recibe nuestro cerebro, de manera que nuestra conducta se oriente correctamente hacia los sucesos más relevantes del entorno.

La atención se divide en el estado atencional general y la atención selectiva.

El estado atencional general hace referencia a la capacidad de mantener de forma prolongada en el tiempo un estado de alerta adecuado que permita el correcto procesamiento de los estímulos del entorno. Este estado es necesario para poder llevar a cabo cualquier función cognitiva, ya que nos permite detectar los estímulos del ambiente exterior e interior que nos envuelve. Cuando este estado atencional general resulta afectado, se alteran todos los procesos cognitivos.

La atención selectiva hace referencia a la capacidad de seleccionar un estímulo discreto entre el conjunto de informaciones que constantemente nos llegan, de forma que se maximiza la eficacia de nuestros recursos cognitivos, dirigiéndolos hacia un estímulo en concreto sin dividirlos entre las diferentes fuentes de información. Del conjunto de estímulos que constantemente recibimos, debemos seleccionar uno o unos cuantos sobre los que focalizar nuestra atención. La focalización de la atención permite la orientación encubierta, que nos permite centrarnos ante un estímulo sin mediar respuesta a otros estímulos que se estén produciendo simultáneamente. 

Nuestro cerebro no puede procesar toda la información sensorial simultáneamente. Asimismo, aunque nuestro cerebro pudiese procesar toda la información sensorial simultánea, la efectividad de cualquier proceso cognitivo es mayor cuando se limita a un pequeño número de estímulos.

Los procesos atencionales están necesariamente unidos a la percepción y a la memoria. Cuando atendemos estímulos en la modalidad auditiva, su percepción depende, inicialmente, de nuestra memoria sensorial ecoica. Esta primera fase de la memoria produce una especie de eco que dura unos segundos y en el que se refleja la percepción del sonido.  En el caso del lenguaje, por ejemplo, durante estos pocos segundos, se discriminan, se segmentan y se secuencian los sonidos del habla. Después de unos segundos el sonido pasa a la memoria de trabajo. La función de la memoria de trabajo es captar la regularidad acústica de los eventos sonoros y permitir la comprensión del discurso integrando y comparando su contenido con el de la memoria a largo plazo, para comprender el discurso o incorporar nuevos contenidos. La memoria a largo plazo es nuestro almacén fonológico. En el se guardan, de forma parecida a una biblioteca,  todos los sonidos del lenguaje, las palabras y su significado.

Estos tres procesos de memoria siguen una secuencia lineal que es inalterable. Cualquier información nueva debe pasar por la memoria sensorial, la memoria a corto plazo y la memoria a largo plazo pera ser comprendida o aprendida. Esta secuencia no sólo sigue una lógica temporal, si no que depende de una cascada de eventos bioquímicos que es inalterable en su orden.

La capacidad de atención y de cualquier proceso de aprendizaje se basa en una correcta percepción de la información auditiva que tiene su reflejo en la memoria sensorial ecoica. Ante problemas de percepción auditiva o de procesamiento auditivo central, la memoria sensorial ecoica resulta afectada impidiéndose el paso de la información a la siguiente fase de memoria, afectando claramente a la atención y el aprendizaje.    

 

DISLEXIA

La  primera referencia, a lo que más tarde se dio a conocer como dislexia, data de noviembre de 1896. Un médico de Sussex, W. Pringle Morgan, describió a un niño al que calificaba de inteligente y despierto, pero incapaz de aprender a leer.

Desde principios de los años veinte del siglo pasado, hasta la fecha, se ha tratado de explicar, desde muchos puntos de vista, el origen de este trastorno. Inicialmente se atribuía a un déficit del sistema visual. Más  tarde, aparecieron teorías que la relacionaban con defectos motores y oculares o alteraciones de la coordinación ocular. Todas estas teorías sirven todavía de base a numerosos métodos terapéuticos.

Tras éstas, han aparecido otras teorías que pretenden explicar la dislexia. Algunas relacionan la dislexia con el Déficit de Atención, otras con la transferencia modal cruzada y algunas con el aprendizaje asociativo.

Hasta la fecha, la investigación no ha dado soporte a ninguna de estas teorías. Si se da la validez lógica a los argumentos empíricos contrarios a estas teorías que justifican las medidas terapéuticas creadas hasta la actualidad, estas mismas deberían revisarse.

Contrariamente a lo expuesto hasta este momento, la investigación de estos últimos veinte años ha demostrado que la dislexia constituye una perturbación de la codificación fonológica del lenguaje. La dislexia refleja, en concreto, un déficit en el procesamiento de las unidades lingüísticas básicas, los fonemas. Antes de que las palabras puedan ser identificadas, entendidas, almacenadas en la memoria y recuperadas de ésta, el módulo fonológico del cerebro las debe descomponer en sus unidades básicas. Este déficit básico es, en esencia, una función lingüística de orden inferior que bloquea el acceso a funciones lingüísticas de orden superior, sintácticas y semánticas, y a la obtención del significado.

El modelo fonológico sintetiza exactamente lo que la investigación reciente ha demostrado acerca de la dislexia.

Se ha encontrado que los sujetos disléxicos son igualmente competentes que los sujetos normales cuando se les hace copiar signos parecidos a los de las palabras, pero sin ningún tipo de asociación lingüística. Esto implica que no es el recuerdo visual el que condiciona la realización de la tarea, sino las propiedades lingüísticas de las palabras (sus sonidos y significados.)

Los sujetos disléxicos, debido a su dificultad en la decodificación fonológica y, en consecuencia, su menguada retención de los fonemas, retienen las palabras enteras, lo que conlleva una mayor posibilidad de realizar inversiones de letras. También se ha demostrado, en relación con lo anterior, que existe una tendencia a equivocar los nombres de las palabras con otras que comparten características fonológicas con las correctas.

Otros estudios han demostrado que el hecho de no mantener la direccionalidad correcta es consecuencia de los problemas de lectura, no su causa. La denominada “escritura en espejo” se considera como una falta de práctica adecuada de la lectura y la ortografía, y no un problema de confusión espacial. Se trataría de un estado de desarrollo previo, que las personas disléxicas tardan más en superar.

También se ha observado que la memoria sensorial de la percepción visual no es más corta en personas con dislexia (lo que favorecería la hipótesis visual), sino que es igual que en las personas sin este trastorno. Por el contrario, sí se ha demostrado una menor capacidad de recuperar representaciones lingüísticas almacenadas en la memoria a largo plazo: en ejercicios de memoria verbal los sujetos disléxicos obtienen un peor rendimiento, lo que hace pensar en una alteración en la capacidad del mecanismo auditivo. Existen pruebas de un peor funcionamiento del hemisferio izquierdo en personas disléxicas, en las zonas que controlan el habla, el lenguaje y actividades lingüísticas afines.

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PSIQUIATRÍA

Nuestro actual Sistema Nervioso Central (SNC) es producto de cientos de millones de años de evolución. A medida que nuestro cerebro ha ido desarrollándose, nuevas partes han sido añadidas a las ya existentes, situándose inmediatamente por encima de éstas. A este hecho le sigue una característica muy especial. Cada nueva capa aparecida a lo largo de la evolución ha tomado el mando de la conducta, pero las anteriormente existentes han mantenido íntegramente su funcionalidad. Esto significa que en nuestro cerebro existen estructuras plenamente funcionales desarrolladas hace cientos de millones de años. Estas estructuras siguen operando de la misma forma que lo hicieron en su origen, con la diferencia que en la actualidad, la gente que goza de buena salud mental, puede controlar las conductas originadas en estos estratos mediante el control que la neocorteza ejerce sobre las partes inferiores del SNC.

En este punto en concreto, nos ocuparemos del estrato inmediatamente inferior a la neocorteza. Nos referimos al sistema límbico, también conocido como cerebro emocional. Esta parte del SNC es la responsable de organizar la conducta emocional. Respecto a los estratos inferiores a éste (formación reticular y médula espinal) el sistema límbico aporta una notable mejora a la adaptación al entorno. Su función es otorgar significado a los estímulos medioambientales y, por tanto, aprender a elegir en todo momento la conducta más adecuada.  El sistema límbico es el responsable de las conductas  de lucha o huída. Estas conductas nos permitieron, hace millones de años, defendernos, atacar, alimentarnos, aparearnos... en definitiva, sobrevivir. Su eficacia para la supervivencia de la especie ha hecho que estas conductas se hayan transmitido genéticamente, acompañando nuestro proceso de evolución durante millones de años y, en la actualidad sean, como ya hemos mencionado, plenamente funcionales. 

Una de las estructuras del sistema límbico, concretamente la amígdala, es la responsable de organizar la conducta emocional.

Cuando la información auditiva llega al tálamo, se proyecta desde éste a la corteza y la amígdala. La amígdala analiza la información auditiva llegada  del tálamo y desencadena, si es necesario, el patron de respuesta emocional (hormonal, autonómico y conductual) que dará lugar a la manifestación de la emoción.

La función de este procesamiento es otorgar significado emocional a la estimulación auditiva y determinar la conducta más apropiada en cada momento. Este procesamiento de la información acústica es totalmente preconsciente. La  activación de las respuestas emocionales tiene lugar entre alrededor de los primeros 50 mseg. después de producirse el estímulo y es independiente de la percepción consciente de éste. El procesamiento auditivo preconsciente nos capacita para percibir de forma inmediata un sonido amenazante, mantener el estado de alerta durante el sueño o evocar recuerdos ante una determinada voz o música, por ejemplo.

El deterioro de la audición impide el correcto procesamiento de la señal auditiva por el sistema límbico. Este hecho origina en el sujeto conductas anómalas sin conocer realmente cual puede ser su origen, dado que éste se encuentra en el procesamiento auditivo a nivel preconsciente.

Las principales conductas fruto de errores en el procesamiento auditivo preconsciente son la ansiedad, la depresión y la conducta agresiva. Cada una de ellas tiene su origen en distintas alteraciones de la percepción auditiva, generadas, a su vez, `por distintos mecanismos.

 

ANSIEDAD

Los trastornos por ansiedad se caracterizan por un miedo y ansiedad infundados y no realistas. Esta situación, que tiene una manifestación conductual, autonómica y hormonal, depende de la activación de estructuras de nuestro cerebro que desencadenan este abanico de respuestas. Las estructuras responsables de activar estos circuitos neurales tienen la función de analizar constantemente los estímulos medioambientales para adecuar nuestro organismo a las situaciones cambiantes. Uno de estos estímulos medioambientales es el sonido. En función de nuestra percepción del medio ambiente sonoro, nuestro cerebro activará determinados circuitos para adaptarse a las circunstancias del entorno. Uno de estos circuitos es el del miedo, que producirá en el organismo una serie de cambios fisiológicos que se describen como  una situación de ansiedad, a menudo sin causa aparente. 

 

El análisis de numerosas audiometrías nos ha permitido constatar que en situaciones de ansiedad crónica se produce un deterioro notable de la audición en los sonidos de baja frecuencia con una brusca recuperación de la agudeza auditiva entorno a los 1000 Hz. Por encima de esta frecuencia suelen aparecer, también, distorsiones auditivas. 

La diferencia de agudeza auditiva entre los sonidos de baja y alta frecuencia imposibilita el reconocimiento del sonido medioambiental a nivel preconsciente, lo que desencadenará un conjunto de respuestas autonómicas, hormonales y conductuales ante el temor a una situación desconocida.

 

DEPRESIÓN

Los sentimientos y emociones son parte esencial de la vida. Ellos representan la evaluación de los acontecimientos que nos envuelven. El estado emocional de la mayoría de nosotros representa lo que nos está pasando. Los sentimientos están ligados a los acontecimientos del mundo real y son, normalmente, el resultado de la valoración razonable de la importancia que esos acontecimientos tienen para nuestra vida. En los seres humanos esta valoración se produce mediante la reflexión acerca de los hechos. La reflexión, mediante nuestro lenguaje interno (pensamiento), nos permite valorar y decidir cómo afrontar las situaciones. Nuestro lenguaje interno supone la activación de las áreas cerebrales del lenguaje. Estudios recientes (Weinberger y cols. , 1990) han demostrado que en aquellas situaciones emocionalmente negativas asociadas a un estímulo sonoro, se modifica la respuesta de nuestro sistema auditivo ante dicho estímulo. En una situación de depresión, nuestro lenguaje interno (pensamientos o reflexiones) actúa como estímulo sonoro asociado a una situación emocionalmente negativa. Ante este hecho, nuestro sistema auditivo modifica la forma de interpretar la información sonora, aumentado la sensibilidad auditiva ante estos estímulos, quedando este hecho reflejado en un audiograma.

El análisis sistemático de miles de audiogramas a lo largo de años, llevó al Dr. Bérard a descubrir que las personas diagnosticadas con depresión o con tendencias autodestructivas presentan unas alteraciones constantes en la morfología de su curva auditiva. Estas alteraciones se corresponden con puntas de hiperaudición relativa en alguna de las frecuencias correspondientes a los primeros harmónicos del lenguaje, asociadas a su primer harmónico superior.

En el gráfico se muestran puntas de hiperaudición relativa en 2000 Hz y 8000 Hz. Este descubrimiento llevó al Dr. Bérard a interesarse por posibles trastornos relacionados con las frecuencias adyacentes a 2000 Hz asociadas a 8000 Hz. El resultado fue la correlación de la presencia de estas puntas de hiperaudición relativa con diferentes estados depresivos más o menos severos.

 La Reeducación Auditiva normaliza integra y definitivamente el gráfico audiométrico y suprime por completo las puntas de hiperaudición, recobrando la persona un comportamiento y una estabilidad emocional normales.

 

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